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R.J. Ellory en BCNegra

13/01/2011

Sólo el silencio
Augusta Falls, Georgia, 1939. El pequeño Joseph Vaughan se acercará a su maestra, la primera en detectar su potencial como futuro escritor. Al poco tiempo, aparece brutalmente asesinada una de las niñas del pueblo. A la conmoción generalizada le sigue una investigación a cargo del sheriff Haynes Dearing que no da ningún fruto. A medida que se va sucediendo el hallazgo de cuerpos troceados de más niñas, tanto en Ausgusta Falls como en otros condenados, crece el pánico, la sospecha del vecino y la xenofobia. Visto que las fuerzas policiales no avanzan y que el clima de odio se recrudece, Vaughan y otros chiquillos forman un grupo llamado Los Vigilantes con el propósito de dar caza al Monstruo. Incapaz de cumplir su promesa de proteger a la gente que quiere y objeto de varias tragedias familiares, el protagonista decide marchar a Nueva York para dejar atrás la pesadilla personal y colectiva que supone Augusta Falls. Con el paso de los años aquel pasado turbulento parece disiparse a medida que el sueño de convertirse en escritor va haciéndose realidad. Sin embargo, en todo ese tiempo el macabro asesino ha seguido cobrándose nuevas víctimas, ampliando su marco de acción a Misisipi, Tennessee, Alabama y Carolina del Norte, sin que las múltiples investigaciones llevadas a cabo por las diferentes comisarías hayan conseguido la menor pista. Cuando Vaughan ya pensaba que había podido enterrar a los demonios de su infancia y adolescencia de cara a rehacer su vida, estos regresan con el objetivo de mostrarle que aquel horror siempre estuvo más íntimamente ligado a él de lo que jamás sospechó.


Fragmento
“Más tarde rememoraría el pánico y la confusión. Más tarde intentaría recordar los pensamientos que me habían invadido la mente, pero por mucho que lo intentara, no lo conseguiría. Recordaría haber gritado su nombre con todas mis fuerzas. Recordaría la sangre mientras intentaba levantarla, la sensación húmeda y fría en las manos, en los brazos en la cara cuando la apreté contra su pecho para ver si aún respiraba. Recordaría haberla llevado al camión, cómo le sostenía la cabeza en mi regazo mientras Reilly conducía el camión dando botes y saltos por carreteras llenas de surcos hasta la casa del doctor Pipper. Recordaría los billetes de dólar manchados de sangre y pegados a la ropa uno en su melena, otro pegado a su antebrazo (…) Recordaría todas aquellas cosas vivamente, y reproduciría los recuerdos mentalmente como un viejo disco de baquelita, una y otra vez hasta desgastar el surco; los sonidos desaparecerían y no quedaría más que el enorme pozo de desesperación y pena en el que caí”.


La frase
“Mis novelas tienen los Estados Unidos como escenario porque fui destetado por su cultura. Crecí con Starsky y Hutch, Hawai 5-0, Kojak y todas esas cosas. Me encantaba la atmósfera y la diversidad cultural, al tiempo que su política me fascinaba. Comparado con Inglaterra, es un país muy joven, dueño de una sociedad llena de vida y color. Cada vez que lo visito me siento como en casa”.

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