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Puro territorio Lehane. Perfil (Suplemento Cultura/s)

06/04/2005

ANTONIO LOZANO. CULTURA/S.  6-04-2005
El aclamado autor de ‘Mystic river’ tiene nuevo trabajo, ‘Shutter island’, publicado por RBA. Curtido en la violenta Norteamérica suburbial de su juventud, ‘Cultura/s’ sigue su ascensión a la cúspide del género negro

Los cimientos Existe el Boston del esplendor colonial y la avanzadilla liberal, el Boston de las recoletas viviendas de ladrillo rojo del arcádico barrio de Beacon Hill, el Boston superdotado en el que hierven las neuronas de los alumnos de Harvard y del Massachusetts Institute of Technology. Y existe el Boston suburbial y facineroso de Dennis Lehane.“Crecí en un mundo ligeramente noir; la gente que me rodeaba era muy diferente a la que luego encontraba en los libros. En última instancia, uno escribe acerca de lo que le rodea, de aquí que mi hábitat, compuesto de bares de mala muerte, aceras resquebrajadas y personas llenas de un orgullo fiero y de una profunda lealtad que viven al día exprimiendo o sus miserables pagas, me llevaran a decantarme por el género negro.”Si Michael Connelly es el Los Ángeles donde no sale el sol y George Pelecanos el Washington en el que las corruptelas políticas constituyen el mal menor ,el suyo es el Boston que nunca ha pisado John Kerry. Agarrado a la mano de su madre, Lehane pisa por primera vez con seis años una biblioteca, queda prendado y se convierte en un adicto ala lectura. Al combate darwiniano del que es testigo afuera y la infinitud potencial de mundos ajenos que puede visitar de puertas adentro se suma un corrido de empleos que acabarán por apuntalar su turbio y musculado engranaje ficcional. Trabaja cuatro años en una librería(“refuerza mi amor por la literatura”),dos cargando camiones (“departo con un círculo de machos de una pieza en el que abundan los psicóticos y los drogadictos”)y ejerce de consejero de niños que han sufrido abusos (“me da acceso psicológico a las víctimas y al riesgo deque los vejados ayer se conviertan en de predadores mañana”).

Imagen 16Los inicios “La novela negra es la desembocadura de la novela social. El género policiaco trata sobre una sociedad soterrada, en mi caso una Norteamérica de segunda división, una que vive por debajo de los márgenes. Sus habitantes suelen ser ignorados por una comunidad de escritores que ni siquiera sabe que existen.”Fijada la declaración de intenciones, el ángulo se define por una reveladora tríada de confesas influencias: Elmore Leonard, Robert B. Parker y Richard Stark (pseudónimo intermitente de Donald Westlake). Verbigracia: dinamismo, cinismo, pulso callejero, mujeres fatales, sabuesos descreídos, puzzles, violencia, corruptelas… La tradición hardboiled flambeada por los convulsos escenarios de juventud. Lehane se curte en las cenagosas aguas del género apostando por el binomio Patrick Kenzie-Angela Gennaro, detectives sensibles con oficina en un campanario bostoniano, que tienen su contrapunto en un tonto de buen corazón que deviene una máquina de matar cuando la pólvora prende. La jugada le permite hacer trizas el cliché de los investigadores masculinos antagónicos introduciendo la guerra de sexo  y una corriente de tensión erótica.“Me gusta escribir sobre mujeres y un poco de electricidad erógena da mucho sedal al conflicto dramático. Desde mi primera novela –la inédita A drink beforethe war– pensé que a Patrick le secundaría una compañera que le resultaría inalcanzable en el plano romántico, reflejo del tipo de mujeres fuertes y cargadas de conflictos con las que crecí.” Desapareció una noche y Plegarias en la noche son las dos novelas traducidas hasta el momento de una energética pentalogía con la que Lehane se forma privilegiando la acción sobre el estudio de personajes. Tras este rito de paso llegaría un salto cualitativo que nace de invertir precisamente este orden. El salto Como su afiliación al género negro, Mystic river surgió de la confluencia de ser un niño que se debatía entre el latido callejero y la inquietud artística. A los diez años, Lehane y un amigo reciben una reprimenda de un policía por pelearse en la calle. El episodio no pasa a mayores, pero se agazapa en ese rincón del subconsciente donde todo futuro escritor almacena espoletas narrativas. El amor por las viejas películas de James Cagney y el deseo de arrimarse alas sagas urbanas, protagonizadas por tipos recios boqueando en junglas de asfalto, de sus venerados Richard Price, Hubert Selby, William Kennedy y Pete Dexter, echan el resto. Drama de tintes shakesperianos, desfile de almas atormentadas que intentan paliar la rabia y el dolor traspasando el mal a sus semejantes, estremecedor relato sobre la imposibilidad de redención y la densidad asfixiante del trauma Mystic river supone la novela giro con la que entra en una madurez de fondo y forma, abriendo espacios para la reflexión al tiempo que se los cierra a la acción. La banda sonora que pauta su redacción recluta a “Bruce Springstreen, The Rolling Stones y The Clash”. En la película homónima, Clint Eastwood y el guionista Brian Helgeland apresan de modo soberbio la razón de ser que Lehane otorga a su novela, esto es, la “toma de conciencia de que la violencia no es un hecho aislado, de que incluso el acto más diminuto que la incluya reverberará en el futuro entre los implicados de formas imprevisibles, deque es un animal insidioso al que le das un poco de aire y va absorbiendo cada vez más oxígeno de la atmósfera”. El escritor, que no en vano considera Un mundo perfecto, un filme sobre un forajido lleno de ternura bajo su disfraz de hojalata, el mejor trabajo de Eastwood, traza, no obstante, un paralelismo entre Sin perdón y Mystic river: “En ambas propuestas no hay un villano auténtico, todos creen estar haciendo el bien cuando están actuando mal”.

Imagen 17La confirmación Profesor de escritura creativa en la Florida International University, machaca a sus alumnos con el mantra “escribir es una religión, no un deporte” para neutralizar la tentación de pensar que uno “puede cualquier día saltar de la cama y ponerse a ello tan ricamente”.Esta invitación a la constancia se traduce en la autoexigencia de penetrar con cada nuevo trabajo en terrenos inexplorados en los que el desafío abre la marcha. Coherente con su motor creativo (“sólo puedo dedicarme a un libro que me produzca miedo”) es su último trabajo, Shutter island, sorprendente vuelta de tuerca a su ficción que nace de un flirteo con el gótico y, si me apuran, la neurociencia. Con la voluntad de “mirar de cara al maccarthismo de una forma no lineal”, con Frank Sinatra sonando de fondo en el estudio del autor y hermanándose con el resbaladizo recurso a una voz manipuladora, presente entra bajos recientes de Ian McEwan, Sarah Waters o Patrick McGrath, Dennis Lehane nos aprisiona en un centro de rehabilitación para enfermos mentales con un pasado criminal, sórdida isla bifrontal que hubiese complacido al doctor Moreau de H. G. Wells, a la que llegan en 1954 dos agentes federales para investigar la houdinesca volatilización de un paciente. Relamiéndose en la potencialidad predestigitadora de todo narrador, Lehane recupera el pulso vibrante de sus primeros trabajos sumiendo al lector en las arenas movedizas de la cita del poeta italiano decimonónico Arturo Graf: “El de la locura y el de la cordura son dos países limítrofes, de fronteras tan imperceptibles, que nunca puedes saber con seguridad si te encuentras en el territorio de la una o de la otra”.Lo último Mientras va tomando forma una posible adaptación cinematográfica de Shutter island sobre la que revolotea Wolfgang Petersen (La tormenta perfecta, Troya), el escritor planea su próxima reinvención a través de “una novela ambientada entre 1918 y 1921, periodo muy convulso en la historia norteamericana en el que, a reflujo de la posguerra mundial, comienzan a aflorar aspectos de tanta actualidad como el terrorismo, la tiranía corporativa o las revueltas obreras. Se enmarca en una huelga de policías que padeció Boston en 1919, la cual desencadenó una sangrienta revuelta ciudadana”. En el ínterin, el autor de Darkness ha sido reconocido, junto a sus almas negras Pelecanos y Price, por la industria del entretenimiento como un contumaz cronista de la selva del asfalto al guionizar un capítulo de la sensacional serie televisiva The Wire (una producción de HBO emitida en España por el canal Fox), poliédrica visión del narcotráfico en Baltimore donde los que lucen placa y los que huyen de ella juegan al intercambio de cromos con sus credenciales. Puro territorio Lehane

http://hemeroteca.lavanguardia.es/preview/2005/04/06/pagina-15/39051784/pdf.html?search=puro%20territorio%20lehane
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