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Philip Kerr vuelve a la Alemania nazi para cerrar la tetralogía protagonizada por un ex agente de las SS (El Mundo)

22/10/2009

LAURA FERNANDEZ. EL MUNDO

Dice que Raymond Chandler y el histriónico P. G.Wodehouse fueron al mismo colegio y «debieron tener un profesor inglés con un sentido del humor muy negro». También dice que no lee novelas negras porque los escritores negros «se dan más importancia de la que deberían» y que en la escena del crimen a veces es mejor echarle un vistazo al cenicero que al agujero de bala del cadáver. Philip Kerr (Edimburgo, 1956) es uno de esos tipos que visten de negro y se ríen hasta de su sombra.

«Ya sé que no soy tan bueno como Bernie pero me consuela pensar que Marlowe tenía más pinta de escritor que el tipo que lo creó.Es curioso, Chandler no parecía escritor pero su detective, sí.Es como aquella vez que fui a Rusia y se cabrearon conmigo porque no tenía barba ni fumaba en pipa. Parece ser que en Rusia no se puede ser escritor si no se es un barbudo», dice. Acaba de publicar Unos por otros (RBA) la cuarta entrega de las aventuras del mordaz Bernhard Gunther, Bernie para los amigos. La única diferencia entre Bernie y Philip Marlowe, dice Kerr (que admite haberse basado en el popular detective para construir el suyo), «es que Bernie es un poco más existencialista y no tiene tantas novias como Marlowe. Marlowe era un tío sensible, Bernie no lo es tanto». Eso sí, comparte su sentido del humor, negro, muy negro, y de lo más ocurrente.

Kerr MundoEn Unos por otros, Bernie ha dejado la investigación privada y regenta un pequeño hotel junto a un ex campo de concentración olvidado (los turistas pasaron de largo). Un raro incidente con un americano buscatesoros le impulsa a volver a ganarse la vida como sabueso privado y no tarda en toparse con casos de altura (como, por ejemplo, seguir a un sádico espía de las SS que consiguió infiltrarse entre los aliados tras el fin de la guerra y que vive refugiado en Estados Unidos).

«Me he sentido como un auténtico detective escribiendo esta serie.La idea era retratar el Berlín de los años 30 como Chandler retrató Los Angeles en los 40, con la diferencia de que él estuvo ahí y yo sólo podía leer sobre ello», cuenta al respecto. Su otro trabajo, escribir cuentos para niños, le facilitó las cosas.«Si no lo hiciera, creo que me volvería loco. Son como un antídoto», dice el escritor que trabaja como un médico. «Escribo 1.000 palabras al día. Y cada día abro la consulta, aunque no haya pacientes a la vista. Si quieres ser escritor, tienes que trabajar como un médico», dice.

http://193.110.128.199/papel/2008/02/07/catalunya/2321848_impresora.html

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