Pesadilla urbana (entrevista a Ian Rankin)
ALEX HARRISON. GOOD BOOK GUIDE.
Ian Rankin ha conversado con Alex Harrison, del Good Book Guide, sobre las infinitas posibilidades de la narrativa policíaca y de cómo la ficción de Edimburgo saltó a la realidad.
Good Book Guide: Las drogas, la especulación inmobiliaria, los asesinatos en serie, los medios de comunicación y la corrupción política figuran entre los temas de las novelas de Rebus. Reflejan el género policíaco y criminal pero también lo trascienden. ¿Hasta qué punto este género te limita? ¿Y en qué medida te libera?
Ian Rankin: Bien, depende de lo que se entienda por «novela policíaca o criminal». ¿Es Crimen y castigo una novela policíaca o criminal? ¿Lo es Casa desolada [Bleak House]? Al parecer diferenciamos entre novelas literarias, que suelen contener elementos criminales, y novelas policíacas de autoconciencia. He charlado de todo esto con el crítico Mark Lawson. Él cree que las novelas policíacas no se consideran un «género mayor» porque con mucha frecuencia atan todos los cabos sueltos, y la vida no es exactamente así.
Para los aficionados a este género es esa sensación de conclusión, de clausura, lo que resulta más atractivo. En la vida real, las autoridades del orden y la justicia no ganan siempre, los misterios no siempre se resuelven. La ficción ofrece conclusiones racionales a problemas complejos, lo cual resulta muy satisfactorio. Diría que la ficción policíaca puede hacer lo que quiera. No tiene límites, salvo los ojos de los críticos y los comentaristas que controlan las categorías de la ficción y deciden que una obra como Miss Smilla’s Feeling for Snow o Snow Falling on Cedars «trascienden el género».
G. B. G.: Muchos de los estratos sociales de Edimburgo cobran vida en tus libros. ¿Qué es lo que más te intriga de la ciudad? ¿Qué opinas de sus otros retratos, como el de Trainspotting, por ejemplo?
I.R.: Cuando llegué a Edimburgo en 1978 como estudiante de una ciudad tosca y minera en Fife, no daba crédito al lugar. Era relativamente pequeña (con unos 400.000 habitantes) aunque increíblemente compleja. Sufría todos los problemas de las ciudades contemporáneas (planes urbanísticos, drogas, desempleo) y sin embargo para el foráneo se erigía como un museo viviente.
Se alimentaba de la gloria pasada en lugar de enfrentarse al presente. Parecía carecer de enclave «literario». La novela «moderna» de Edimburgo seguía siendo The Prime of Miss Jean Brodie (publicada a principios de los años sesenta pero ambientada en los treinta). Empecé a escribir sobre el Edimburgo que el turista no veía, ese lugar de ricos y pobres, un lugar silenciosamente desesperado y homicida. Descubrí precursores literarios en libros como El extraño caso del doctor Jekyll y míster Hyde, de Stevenson (ambientada en apariencia en Londres pero en realidad inspirada en Edimburgo) y en Hogg’s Confessions of a Justified Sinner.
Existe en la ciudad una auténtica tensión entre el bien y el mal, y siempre ha existido. Supe que sería un trasfondo ideal para una novela de misterio y también que si quería escribir sobre los problemas a los que Escocia se enfrenta a finales del siglo XX y principios del XXI, la novela policíaca era un vehículo idóneo para la observación y la exploración social. Trainspotting, por supuesto, abrió la caja de pandora. Ésta dejó de ser la ciudad de Jean Brodie para revelarse como una pesadila urbana viva, palpitante. Las personas que siempre habían asociado Edimburgo a los monumentos, al tartán y al whisky han tenido que modificar y actualizar sus prejuicios, adaptarlos a la realidad. Espero que las novelas de Rebus hayan contribuido a ese proceso.
G. B. G.: Rebus adora la música. Tú trabajaste como periodista para Hi-Fi y tocaste en una banda punk. También nació en Fife. ¿Qué otras cosas compartes con tu iconoclasta y temperamental protagonista?
I. R.: ¿Quieres decir además de ser iconoclasta y temperamental? Pues él toma copas en el Oxford Bar, como yo. Pero él fuma, y yo no. Estuvo en el ejército, yo no. Tiene una hija y un matrimonio fracasado, de lo cual no es culpable. Siempre pienso en Rebus en parte como en el hermano mayor que no tuve (él ahora ronda los cincuenta y yo no llego a los cuarenta), y en parte como la trayectoria alternativa que mi vida podría haber seguido; quizá hubiera optado por alistarme al ejército o ser policía… Eso es lo que hicieron algunos de mis amigos. Al igual que Rebus, trasnocho hasta altas horas de la madrugada contemplando la calle o dando largos paseos en coche por la ciudad.
G. B. G.: Debido a su devoción por el trabajo y su debilidad por la botella, Rebus es un héroe imperfecto. ¿En qué medida sería posible que fuera de otro modo?
I. R.: ¡Uf! Es una pregunta difícil, como volver a pasar los exámenes de fin de carrera. Bien, todos sabemos que el demonio sintoniza mejor y que Satán en el «Paraíso Perdido» es más interesante que Dios o los ángeles. No conozco a ningún ser humano perfecto, así que los héroes imperfectos se asemejan más a nosotros, o son más complejos. Con Rebus siento que siempre cabe la posibilidad de que se aferre a la botella o sea seducido por el submundo criminal del que tan cerca está. Los lectores parecen valorar su falibilidad. Está muy lejos de Miss Marple, de eso no cabe duda.
G. B. G.: Ocasionalmente, los escritores asesinan a sus protagonistas. ¿Te resulta aterradora la perspectiva de acabar con Rebus? ¿Piensas en ello a menudo?
I. R.: Sí, claro. Rebus vive a tiempo real y ahora roza los 50. Debería jubilarse hacia los 55 (para asegurarse la pensión), lo que significa otros 4 o 5 libros en la serie. Tengo en mente otras ideas con las que me gustaría experimentar, otros libros en los que Rebus no tiene cabida. Pero eso también asusta. Después de haber pasado tanto tiempo con él, no estoy seguro de ser capaz de escribir con otra «voz». Para empezar a desacostumbrarme de él, estoy intentando escribir relatos cortos y guiones con otros personajes.
G. B. G.: Si tuvieras que trasladar todo el protagonismo a otro personaje, ¿cuál escogerías y por qué?
I. R.: Quizá Big Ger Cafferty, el criminal que «gobierna» Edimburgo. Lo inventé como personaje secundario para un único libro, pero en cierto modo me seduce. Se ha convertido en el alter ego de Rebus: es como el Hyde del Jekyll de Rebus. En novelas más recientes, he reducido el número de personajes secundarios, pero he caído en la cuenta de que de este modo Rebus corre el peligro de estancarse o aislarse. Por ello, en Set in Darkness he otorgado a Siobhan Clarke un caso para que lo resuelva ella sola. Hacerlo me ha permitido pasar más tiempo con ella, y creo que me gusta; es muy compleja y creo que merece la pena explorarla en mayor profundidad.
G. B. G.: Adoptas una perspectiva indiferente e irónica del nuevo Parlamento en Set in Darkness. ¿Cómo afectará la evolución de la ciudad a los bajos fondos y la clase alta de Edimburgo?
R.: La ciudad está cambiando a una velocidad vertiginosa. Cantidades ingentes de dinero se gastan por todas partes, una infinidad de edificios en construcción, terrenos baldíos que de pronto valen millones… Y ahora todos esos miembros del Parlamento que antes se hubieran instalado en Londres, ¡un regalo divino para un escritor de crímenes derivados de conspiraciones! Estoy seguro de que todos los tipos de conspiraciones y estafas criminales se planean tal y como yo describo.
G. B. G.: ¿A qué autores de novela policíaca admiras y por qué?
I. R.: Me gusta que los escritores se arriesguen. James Ellroy lo hace tanto con el tema como con el lenguaje. Val McDermid lo hace con la estructura (por ejemplo, desvelando la identidad del asesino en la primera página). La creatividad y la invención de Ruth Rendell pare
cen infinitas. También hay excelentes escritores más jóvenes que empiezan a despuntar. Espero con ansia el segundo libro de Denise Mina. El primero, Garnethill, es excelente.
G. B. G.: ¿Qué lees en estos momentos?
I. R.: La biografía de Proust, de Edmund White, y The Surgeon of Crawthorne, de Simon Winchester.
G. B. G.: ¿Qué pregunta me he dejado por hacerle?
I. R.: Hice una gira promocional de quince días por Japón y nadie me planteó ni una sola pregunta hasta casi el último día, cuando una mujer joven se puso en pie y me preguntó dónde había comprado mis pantalones deportivos, de la marca Nike. Gracias por no hacerme esa pregunta.








