La apertura Chase
La ley de que el arranque de una novela es crucial para apresar al lector es obviamente extensible a todos los géneros, pero en el caso de la ficción detectivesca decir “arranque” es tirar muy largo: una novela negra se la juega mucho en sus primeras frases. Tan asumido tenían los clásicos anglosajones que el movimiento de apertura de sus novelas era una bala que tenía que dar en el blanco que en muchos casos hicieron de él un arte. Un arte que se sustentaba en el delicado equilibrio entre mostrar y anunciar, abriendo sin dilación desde el presente una puerta al conflictivo pasado o al incierto futuro, presentando al protagonista de forma abrupta al tiempo que su conflicto dramático se sugería con las dosis justas de intriga Si me preguntan a mí, me quedo con las líneas inaugurales de James Hadley Chase, uno más de los seudónimos de Rene Brabazon Raymond, el más americano de los autores policíacos ingleses, un tipo que fue piloto de la RAF y vendió enciclopedias para niños antes de escribir ochenta libros con un diccionario de argot yanqui a la distancia a la que hoy tenemos el ratón del ordenador.
A veces Chase jugaba con el contraste entre la climatología benigna y la angustia del protagonista:
“A las 5 :37 de lo que prometía ser una radiante mañana estival, Victor Dermott se despertó bruscamente bañado en un sudor frío y con sensación de miedo” (Una radiante mañana estival)
“En esta calurosa tarde de domingo, puesto que estaba solo en casa, decidí aprovechar la oportunidad para realizar un examen de conciencia y considerar si podía hacer algo de mi parte para llenar el vacío, cada vez más profundo, entre Linda y yo; también para evaluar mi estado financiero, el cual distaba mucho de la riqueza” (Peces sin escondite)
Tampoco era infrecuente que delegara en la climatología pura la responsabilidad de marcar el tono fatalista que recorrería toda la obra:
“Comenzó una mañana de verano, en julio. El sol asomó muy pronto en la niebla matutina y los pavimentos devolvían al aire el copioso rocío convertido ya en vapor. En las calles, el aire era pesado y no tenía vida. Había sido un mes agotador, de intenso calor, de cielos sin nubes y de vientos bochornosos y cargados de polvo” (No hay orquídeas para Miss Blandish)
En ocasiones creaba una tensión inmediata:
“Los muchachos que habían acudido para ver morir a Veis estaba alineados frente al mostrador del bar. Procuraban aparentar valor, pero se notaba que tenían miedo” (Una corona para tu entierro)
Su especialidad era la búsqueda desesperada de una suerte de complicidad del lector por un personaje que se dispone a recapitular su caída en desgracia (gracias a una mujer en la mayoría de las ocasiones, sobra decirlo):
“Antes de empezar a contarles la historia de mi relación con Eva debo hablar primero, lo más brevemente posible, acerca de mí y de los acontecimientos que produjeron nuestro primer encuentro. De no haber sido por el extraordinario cambio que se produjo en mi vida cuando renuncié a la mediocre carrera de empleado en una oficina de exportación, no habría conocido a Eva y, en consecuencia, no habría sufrido una experiencia que, en último término, ha sido responsable de arruinar mi vida” (Eva)
De haber encontrado Chase una apertura correspondiente en el terreno del ajedrez, las partidas se habrían decantado de su lado con maquinal eficacia. Porque mediante un recurso u otro, consigue siempre lanzarte una red cuando apenas has adaptado la vista a la tipografía y al interlineado, activando el embrujo con el chasquido de unas breves frases. Si las aquí citadas lo han conseguido no sé por qué demonios no tienen ya una novela suya en las manos.






(Barcelona, 1974). Es licenciado en Ciencias de la Información por la Universitat Autònoma de Barcelona. Cursó un doctorado en Literatura Comparada en la Universitat Pompeu Fabra y realizó prácticas en la revista "Quimera" y en el diario "La Vanguardia". Desde 1997 fue responsable de secciones de la revista "Qué Leer", donde además realiza entrevistas, escribe reportajes y ejerce la crítica literaria. Tiene un apartado de recomendaciones literarias en el Magazine de La Vanguardia y colabora con el suplemento "Cultura/s". Asimismo, es autor de diversos libros infantiles.


Buen artículo, muy acertado!!
La importancia de un buen comienzo, sobre todo en novela negra, Hadley Chase era un maestro.