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El Don Winslow de BCNegra, en píldoras

03/02/2010

Por Remei Poe

El martes BCNegra nos deparó muchas afirmaciones interesantes. Hemos elegido algunas de las brutales intervenciones de Don Winslow, el escritor norteamericano que nos ofrece en El poder del perro una crónica profunda y bestial del narcotráfico entre Estados Unidos y México, como resumen de la jornada. De pequeño, este ex detective quería ser un buen narrador de historias. Diríamos que lo ha conseguido, ¿verdad?

Don Winslow en BCNegra. Fotografía de Jaume Rovira

Don Winslow en BCNegra. Fotografía de Jaume Rovira

El periodista-narrador de historias

Todo comenzó en Nueva York, oyendo contar historias a mi padre. Historias contadas por un narrador, alguien que sabe contar historias y transportarte con su voz a otra galaxia. Desde entonces, casi sin saberlo, quise ser escritor, quise ser alguien que cuenta historias.

El siguiente jalón del camino me llevó a África, allí como periodista cubrí la guerra de los sudafricanos contra las guerrillas de Angola y Mozambique. Descubrí el horror.

El detective privado

De vuelta a Nueva York encontré trabajo de detective privado. Después de ser un ratero, un actor, un buscador de empleo desesperado, encontré un puesto como segurata de los sitios donde antes había ejercido de ratero. Mi misión, mantener a raya a los pequeños vendedores de droga, carteristas, trileros y demás pequeña ralea. Lo hice bien y un día fui detective. Me dediqué a encontrar adolescentes desaparecidos y finalmente alcancé la cima ayudando a los abogados a conseguir pruebas para sus clientes.

La ciudad

Luego me fui a California. Quería ser escritor y ya tenía todo el material. De las veinte novelas que he escrito (bueno, la primera no era de ficción, iba sobre Vietnam), 19 ocurren en el sur de California. California es fascinante, California es mucho más que un Estado de la Unión, es impredecible. Está todo allí. Es un microcosmos. Chandler lo sabía, Ellroy también. Yo lo aprendí en la sexta o séptima novela, cuando empecé a sentirme un escritor de verdad. El insomnio es una ayuda, tienes tanto tiempo… Entonces escribes, escribes y escribes de las cinco de la mañana a las cinco de la tarde, sales a dar una vuelta de tanto en tanto y vuelves a escribir. (El surf también está bien California tiene 400 millas de playas, pero no tanto, escribir está mejor).

El narcotráfico

Llegué a El poder de los perros gracias a una noticia que escuché en la radio. Una noticia atroz ocurrida a una manzana de mi casa. Una matanza. No tenía intención de escribir este libro, pero había estado viviendo en el Paraíso californiano ignorando su parte más sombría, dándole la espalda. Entonces empecé a leer sobre el mal, ¿qué es el mal? Sentí la audacia de intentar escribir sobre él, pero desistí. No, no tenía intención de hacerlo. Dediqué cinco años a la investigación periodística, cinco años de trabajo de calle. Empecé por lo más bajo. Al principio simplemente iba por allí, por los barrios donde se venden drogas, y me quedaba hasta formar parte del paisaje. Al final hablaban conmigo. Yo ya tenía experiencia en hablar con la gente, sabía escucharlos, arreglarles asuntos. A la gente le encanta contar historias, a la gente le encanta que alguien las escuche.

La historia de un país

Siempre escribo en presente, fue un descubrimiento accidental, se trata de escribir en imágenes, sin distancia, sin antes ni después. Escribo desde el presente. Escribí sobre familias de narcotraficantes y sobre la historia del país. Son la misma historia. El terremoto de México cambió el equilibrio de poderes. El Estado y la Iglesia necesitaban dinero para la reconstrucción y las familias mafiosas lo tenían. Tenían mucho dinero. Pero el dinero siempre pone las condiciones. Ahí cambió la relación de poderes. El narcotráfico impregna la administración de arriba abajo, aunque pienso que la actual administración está siendo honesta. Al final no sabía si el libro debía acabar bien o no, si debía ser lógicamente una tragedia o no, estaba tan harto de sangre… Pero el peligro forma parte de la diversión.

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