¿Cuál es el mejor Marlowe de la pantalla?
Con motivo de la publicación del volumen Todo Marlowe, nos preguntmos cuál es el mejor Marlowe de la pantalla. Hagamos un poco de memoria.

Humphrey Bogart leyendo "El sueño eterno"
Raymond Chandler, el padre literario de este arquetipo de detective, quería que el papel de Marlowe lo interpretase Cary Grant. Sin embargo, el escogido para darle vida cinematográfica por primera vez fue Humphrey Bogart. La primera adaptación al cine de El sueño eterno fue el clásico del cine negro dirigido por Howard Hawks en 1946, con Bogart en la piel del detective y Lauren Bacall como la perfecta mujer fatal. Años después, en 1978, fue Robert Mitchum quien tomó el relevo de Bogart en una nueva versión realizada por Michael Winner. El actor estadounidense repetía por entonces ese personaje, ya que en 1975 protagonizó Adiós, muñeca, de Dick Richards. A Marlowe también lo encarnaron otros actores como Dick Powell, George Montgomery, Robert Montgomery, James Garner, Elliot Gould y James Caan. Este es el rastro múltiple de un icono cultural del siglo XX.
Philip Marlowe creció a partir de las historias cortas de Chandler publicadas en Black Mask, el mítico magazine “pulp” fundado en 1920 por el crítico Henry L. Mencken. De algún modo, ya estaba en aquellos detectives, en aquellos Mallory, Carmody, Dalmas o Malvern que, de algún modo, adelantaron el hombre que llegó a ser Marlowe. Duro, que se vale siempre por sí mismo, con honor, para quien sexo y caso nunca se mezclan, aunque la situación se presente tentadora. Un buen tipo que aborrece la crueldad y la corrupción. El gran solitario de la novela negra.

Robert Mitchum como Philip Marlowe
Chandler no negó que Marlowe fuera un reflejo de sí mismo, sino que admitió que, en cierto modo, era una proyección suya, “una fantasía y unaexageración”. Pero no sólo está en él el Chandler real, también ese otro que quiso ser: fuerte, seguro, independiente. Ambos creen en la verdad, la justicia, la honestidad y la fidelidad. “Yo soy un romántico –le dice Marlowe al incrédulo Bernie–. Oigo voces en medio de la noche y voy a ver qué ocurre. Tú cierra las ventanas y sube el volumen del televisor”. Aunque la verdadera sensibilidad de Marlowe está en sus meditaciones. Sólo cuando piensa. Eso lo saben los lectores. Habla poco, contesta brevemente y cuando va más allá apenas sale de la conjetura. Es bastante inteligente, culto y sensible. De vez en cuando hace referencias literarias para mostrar sus cualidades especiales. Pero la forma más común de comunicar esta inteligencia está en su descripción analítica de la gente y de los lugares adonde va. En su forma de hablar, sensible y dura, está su respuesta al mundo.
Nadie mejor que Chandler para definir a Marlowe: “En todo lo que se puede llamar arte hay algo de redentor. Puede que sea tragedia pura, si se trata de una tragedia elevada, y puede que sea piedad e ironía, y puede ser la ronca carcajada de un hombre fuerte. Por estas calles mezquinas ha de pasar un hombre, que no es mezquino, ni está corroído ni tiene miedo. Él es el héroe, es todo. Tiene que ser un hombre completo y un hombre común, sin embargo poco usual. Tiene que ser, para utilizar una frase ya vieja, un hombre de honor; por instinto, pero inevitablemente sin pensar en ello, y por supuesto sin decirlo […] Si es un hombre de honor en un aspecto, lo es en todos. Es un hombre relativamente pobre, si no, no sería detective. Es un hombre común, si no, no podría andar entre la gente común; tiene carácter, si no, no conocería su trabajo. No tomará el dinero de nadie de forma deshonesta, ni la insolencia de nadie, sin una venganza merecida y desapasionada”.









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