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BCNegra: Crónica del cuarto día

04/02/2011

Se acerca el final de la semana y uno mira hacia atrás y se pregunta cómo es posible que en tan pocos días hayamos podido ir de la mano de tantos autores desde Alemania hasta Suecia o Inglaterra pasando por Nueva York. Que en tan pocos días se hayan desentrañado tantos secretos y que sin embargo se hayan conservado tantos –que al fin y al cabo seguimos hablando de novelas de intriga–.
La cita de hoy cambia de escenario. Como si de una especie de ascenso a la luz se tratara, salimos de la oscuridad silenciosa y casi mística de la Capilla y subimos hasta el cuarto piso del Palau de la Virreina.
En la sala no cabe un alfiler. Frente a nosotros, en una mesa larga, se alinea una fila de autores de novela negra que tienen la particularidad de hablar en catalán. Y digo particularidad porque lo que hace diez años podía parecer una rareza, se ha convertido hoy en día en un auténtico boom. Àlex Martín Escribà lo sabe bien. Es el antólogo de “Geografías en negro”, un volumen que recoge textos de autores que escriben en esta lengua, una indagación de sus escenarios particulares y para ellos ha tenido que leer cientos de manuscritos, algunos “de excelente calidad”. “Es una pena que no haya una colección de novela negra en catalán”, dice. “Este libro es el libro que hubiera tenido que leer Stieg Larsson si hubiera querido aprender catalán”.
Junto a él, Jordi Pijoan-López, otro antólogo que indaga en el territorio de las raíces. Su antología se llama “Mitja dotzena d´ous” y es un recorrido por las tierras del Ebro.
Más curiosa resulta la intervención de Daniel Hernández, quien se considera a sí mismo un autor catalán a pesar de tener la nacionalidad francesa. “Soy catalán porque escribo sobre la historia de Cataluña. Y sobre todo porque estoy vinculado con el paisaje ya que nací en las tierras de Occitania”.
Y es que la mayoría está de acuerdo con que lo principal es la construcción del lugar, del escenario por el que los personajes han de moverse “como si fuera su propia casa”.
Las pocas discrepancias surgen cuando se habla de la literatura en catalán per se. Es indudable que la novela negra en este idioma vive un momento de esplendor. El número de novelas negras publicadas se ha multiplicado por tres. Pero para Teresa Solana “no deberíamos ceñirnos a nacionalismos o localismos”. Ella es curiosamente una de las escritoras más importantes en esta lengua y que acaba de publicar en RBA el libro “Negres tempestes”, un relato sobre las relaciones que se establecen entre los miembros de las familias de hoy en día pero que al mismo tiempo intenta revisitar sin maniqueísmos nuestro pasado más reciente, el de la guerra civil opina que “intentar calificar una novela o no como literatura catalana es como ponerse un corsé. Hay que agradecer que existan trabajos de traducción que nos permitan acceder a todas las lenguas”.
Otro autor importante en esta lengua, Jaume Benavente, autor del libro “Luces en la costa”, está de acuerdo con ella: “si los libros son buenos tienen que leerse, si no, no”.
Uno tiene la sensación de que después de esta semana, el género se ha vuelto todavía más inabarcable. Que en vez de subir hacia el cielo, hacia la claridad, estamos en el pasillo de una gran librería con estanterías llenas de volúmenes y sin más indicación que la del gusto propio.

Por Paula Cifuentes

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